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NASA Remembers Legendary Flight Director Glynn Lunney

Nos hemos despertado hoy con la triste noticia del fallecimiento del mítico director de vuelo de NASA Glynn Lunney.

Lunney fue un ingeniero que estuvo en la NASA desde prácticamente su fundación, a la que llegó, con 22 años, desde el Comité Asesor Nacional para la Aeronáutica (NACA en sus siglas en inglés) en donde estaba de estudiante. Fue, por tanto, el miembro más joven del Grupo de Trabajo Espacial (el famoso Space Task Group) que, junto con sus colegas del Centro de Investigación Langley en Hampton, Virginia, se encargaron de averiguar cómo enviar a los primeros astronautas al espacio.

En aquella época, a Lunney se le asignó el desarrollo de misiones simuladas para entrenar a otros controladores de vuelo.

Cuando empezó el Programa Mercury, a Lunney se le envió a la estación de seguimiento de Bermudas como controlador de vuelo. Después continuó con su carrera, ya como líder del equipo negro de controladores, en el Programa Géminis y de ahí al Programa Apolo. Siendo su equipo uno de los que tuvieron un papel determinante durante el Apolo 13.

Glynn Lunney durante una simulación del Programa Apolo el 8 de diciembre de 1965 - NASA
Glynn Lunney durante una simulación del Programa Apolo el 8 de diciembre de 1965 - NASA

Descanse en paz.

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Trailer del documental Apollo: Back to the Moon

Apolo: Regreso a la Luna (Apollo: Back to the Moon) es un documental de la productora francesa Label-News para National Geographic y que he podido ver recientemente en Movistar+. A través de dos capítulos, de unos 50 minutos de duración, se pretende contar la historia del Programa Apolo y cómo fue la llegada del hombre a la Luna.

Además, se recrean, con actores y decorados, acciones de distintas misiones, tanto dentro del módulo de mando como del módulo lunar. Otra cosa que han hecho también ha sido simular algunos momentos sobre la superficie lunar. Aunque para mí, las recreaciones digitales de las naves, en 3-d, han sido lo mejorcito de este documental.

Recreación de la Luna para el documental
Recreación de la Luna para el documental

Porque, sinceramente, no me ha gustado mucho. El contenido está muy desordenado y salvo que sepas ya de qué va esta historia, cuesta seguir el hilo conductor. Y eso sin contar algún que otro gazapo. Por otro lado, se abusa del sensacionalismo con el fin de captar constantemente la atención del espectador.

Entre los personajes entrevistados, solo destacar la presencia de los astronautas William Anders (Apolo 8) y Fred Haise (Apolo 13) y de los controladores de vuelo Gene Kranz y Glynn Lunney. Ninguno de ellos aporta nada nuevo que sepamos ya. Luego hay otros testimonios menores de periodistas e historiadores que aún aportan menos.

William Anders (Apolo 8)
William Anders (Apolo 8)

Lo único que me ha llamado la atención del documental es que se afirma en un momento dado que, en el vuelo de John Glenn, el astronauta compró una cámara de fotos de 35 mm en una farmacia para llevarla consigo en su misión del Friendship 7 durante el Programa Mercury. Parece ser que la NASA no había tenido eso en cuenta. La verdad que es algo que nunca había escuchado antes, así que me pondré a investigar si es cierto o no.

Ya digo, en general, no me gustó y no lo recomiendo. Incluso me resultó un pelín tedioso.

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Apollo 14 Hike to Cone Crater (NASA Goddard)

El Centro Goddard de vuelos espaciales de la NASA ha recreado en un video de casi dos minutos cómo fue la fallida excursión lunar al Cráter Cono por parte de los astronautas del Apolo 14.

Y digo fallida porque en la segunda actividad extra vehicular (o EVA en sus siglas en inglés) Alan Shepard y Edgar Mitchell tenían como objetivo llegar al borde de ese cráter, pero no lo pudieron lograr por muy poco. Cosa que supieron al regresar.

Para poder llegar al cráter, tenían que andar unos 1.400 metros y subir una pendiente con un desnivel de 100 metros aproximadamente. Todo esto tirando malamente del carrito MET y haciendo uso de unos mapas con no muy buena precisión, tal y como explicamos en el artículo sobre los 50 años de esta misión que se han cumplido estos días.

Ed Mitchell chequeando el mapa de la zona Foto NASA AS14-64-9089)
Ed Mitchell chequeando el mapa de la zona Foto NASA AS14-64-9089)

Se quedaron realmente a pocos metros, unos 50, de poder observar la increíble vista que hubieran tenido de ese cráter de unos 300 metros de diámetro.

El video de Goddard ha utilizado los datos de la sonda Lunar Reconnaissance Orbiter (LRO) para simular la ruta del segundo paseo lunar. Además, muestra las paradas que hicieron los astronautas por el camino. En cada parada se puede ver la distancia al módulo lunar Antares y los datos del desnivel.

¡A disfrutar!

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NASA remebers fallen Heroes (2021).

La NASA, en el día en el que se cumplen 35 años del desastre del Transbordador espacial Challenger, ha publicado un video y una web que recuerda a todos los astronautas de la agencia espacial norteamericana que han perecido como consecuencia de algún accidente espacial.

De ahí que se conmemore también a la tripulación del Apolo 1, fallecida en 1967, y a la del Transbordador espacial Columbia en 2003.

Por cierto, bonito epílogo el del final del video:

En memoria de aquellos que hicieron el sacrificio último para que otros pudieran alcanzar las estrellas”.

D.E.P.

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Póster de Apollo 11 Quarantine, corto de Todd Douglas Miller (2021).
Apollo 11 Quarantine, corto de Todd Douglas Miller (2021).

A Todd Douglas Miller nunca le agradecimos lo suficiente que hubiera dirigido la obra maestra que es el documental “Apollo 11” y que reseñamos en este blog hace casi ya dos años.

Pues bien, tenemos la gran suerte de que el amigo Todd (junto con todo el equipo de NEON y CNN Films) va a estrenar en breve un corto, mostrando cómo vivieron los astronautas del Apolo 11 su confinamiento o cuarentena al volver de la Luna aquel verano de 1969.

Para realizarlo, se han utilizado las imágenes “sobrantes” del ya mítico documental en 70 mm y mantenida la apariencia de gran formato, sin añadir voz en off o entrevistas actuales. Igual que en “Apollo 11”, vamos.

El cortometraje tiene una duración de 23 minutos y se va estrenar en cines IMAX a partir del 29 de enero. De todas formas, los que no podamos o no queramos asistir al cine, tendremos que esperar hasta el 5 de febrero para poder verlo en alguna plataforma.

La motivación, en estos tiempos de pandemia por el Covid-19, parece clara y apropiada. Todd declaró en la presentación del corto que “estoy muy emocionado de que el público experimente una parte poco conocida de esta historia - un mensaje perdurable de esperanza durante estos tiempos sin precedentes”.

Yo estoy seguro que, viendo el tráiler, el resultado va a ser excelente, tal y como pasó con “Apollo 11”.

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Póster de "Cielo de medianoche"

¿Os acordáis cuando en la era pre pandemia calificábamos a una película como “una castaña”? Pues “Cielo de medianoche” es una de esas. Una castaña pilonga. Y es que, esta película, adolece de alma. Algo muy común en muchos de estos filmes de ciencia ficción transcendental.

George Clooney dirige y protagoniza esta obra basada en la novela Good Morning, Midnight de Lily Brooks-Dalton. Una historia que, a priori, puede resultar llamativa, pero conforme avanza en su desarrollo, resulta aburrida a más no poder. Y es que no hace falta tanto rollo para contar cómo un científico atormentado intenta salvar a los que serán los próximos Adán y Eva de nuestra civilización.

Junto a los típicos fallos que nos encontramos en este tipo de películas del espacio, el filme plantea, también, a unos personajes típicos; el protagonista atormentado, el latino, la niña insulsa, la parejita perfecta… Puf, todo muy aburrido y cansino. Vale que la Tierra ha sido asolada por una catástrofe y no está el horno para bollos, pero no sé, un poco de esperanza, de épica, de vidilla para luchar contra la pereza que invade todo.

George Clooney aburrido en "Cielo de medianoche"
George Clooney aburrido en "Cielo de medianoche"

Sinceramente, creo que Clooney es un buen actor, pero no está hecho para la dirección cinematográfica. Empezó bien con aquella película de “Buenas noches, y buena suerte”, se mantuvo en “Los idus de marzo”, pero después de aquello, francamente, creo que no ha remontado.

Para terminar esta reseña, quiero destacar que me quedo con un par de detalles de la película. Uno es el escudo “anti meteoritos” que protege a la nave espacial “Éter” que resulta muy “blandiblu” y dos, la referencia a España cuando se menciona a nuestro país, junto con Australia y los propios Estados Unidos, como miembro de la Red de espacio profundo que está en comunicación con la Éter. Sin olvidar tampoco las secuencias grabadas en el Observatorio del Roque de los Muchachos de la isla de La Palma.

En fin, “Cielo de medianoche” comienza el 2021 sin pena ni gloria. ¡Ah! y está en Netflix.

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Los verdaderos elegidos para la gloria (The real right stuff en su título original) es un documental de hora y media sobre el Programa Mercury y, en especial, sobre los primeros astronautas norteamericanos de la historia. Lo ha producido National Geographic este año 2020 y se puede ver en la plataforma Disney+.

Se trata de un documental de mucha calidad en el que se puede ver material inédito, al menos para mí, y fotografías y videos restaurados en alta definición. Sigue el mismo patrón que la serie de ocho capítulos - cuasi homónima – que también se puede disfrutar en Disney+ estos días. El relato que se narra en la historia real, al igual que ocurre en la ficción, toma de base a la famosa novela de Tom Wolfe. Además, tampoco deja de lado la rivalidad que parece que surgió entre Alan Shepard y John Glenn.

Los verdaderos elegidos para la gloria (The real right stuff). 2020.

En los noventa minutos que dura el documental, podemos ver, con cierto detalle, cómo ocurrieron las primeras misiones del Mercury. El primer vuelo suborbital de Alan Shepard y el segundo de Virgil "Gus" Grissom (por cierto, no conocía la rueda de prensa - post misión - a la que se sometió al astronauta a un auténtico tercer grado por el asunto de la explosión de la escotilla y pérdida por hundimiento de su nave, la Liberty Bell 7).

Tampoco faltan detalladas las dos siguientes misiones, ya orbitales, de John Glenn y Scott Carpenter. Sin embargo, ni el incidente de salud ocurrido con Deke Slayton, que le apartó de los vuelos tripulados, ni las dos últimas misiones del Programa (las de Walter Schirra y la de Gordon Cooper) se explican profusamente. Al igual que sucede con el Programa Géminis y el Programa Apolo que se mencionan casi de pasada. Al menos a mí me dio la sensación que el director Tom Jennings se habían quedado sin minutos y tenía, por tanto, que cubrir el expediente de alguna forma.

Para finalizar, me gustaría resaltar cómo Rene Carpenter, la esposa de Scott Carpenter, me cautivó en la entrevista recuperada que le realizó Tom Wolfe, en su día, para preparar su famoso libro “Lo que hay que tener”.

Rene Carpenter en una conferencia de prensa en Cocoa Beach (Florida) en 1962. (U.S. National Archives)

Así que, si tenéis oportunidad, echadle un vistazo a este nuevo documental de Nat Geo. A pesar de que el final me pareció un poco precipitado, merece la pena descubrir todo el material nuevo revelado (anotaciones originales de Tom Wolfe, películas privadas de John Glenn y alguna que otra sorpresa más).

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¿Qué es la Red de Espacio Profundo y dónde se encuentra? (NASA en español).

El canal de NASA en español en YouTube ha subido este pequeño video, de poco más de cuatro minutos de duración, contando cómo funciona la Red del Espacio Profundo (DSN o Deep Space Network).

Como seguro que ya sabéis, esta red de comunicaciones de NASA consta de tres estaciones principales, o complejos de comunicaciones, ubicadas en Goldstone (Estados Unidos), Canberra (Australia) y la española de Robledo de Chavela en la sierra de Madrid.

UN POCO DE HISTORIA

Esta red se construyó entre finales de los años cincuenta y principios de los sesenta, para poder estar en contacto permanente con todas las sondas de la NASA que viajaban más allá de la Luna. Adicionalmente también ha realizado el seguimiento de sondas de otras agencias espaciales con las que tienen acuerdos los norteamericanos.

Antena de Robledo de Chavela durante los años sesenta. En uno de esos edificios se encontraba el Ala Apolo (Apollo Wing - MADX).
Antena de Robledo de Chavela durante los años sesenta. En uno de esos edificios se encontraba el Ala Apolo (Apollo Wing - MADX).

Durante el Programa Apolo, las antenas de esta red sirvieron como soporte (wing / ala, en terminología NASA) a las antenas de la Red de vuelos espaciales tripulados (MSFN o Manned Space Flight Network). En caso de que, por ejemplo, la antena principal (prime en terminología NASA) de Fresnedillas de la Oliva fallase por algún motivo, era la antena de Robledo de Chavela la encargada de estar en contacto con los astronautas de la Luna. Si bien es cierto que, aunque no hubiera fallo alguno, la antena de Robledo se encargaba del seguimiento del módulo de mando en órbita lunar.

Finalmente, recordaros que los tres complejos de comunicaciones tienen un centro de visitantes, con un pequeño museo, que se va a poder volver a visitar cuando pase la pandemia del Covid-19.

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John quería contactar con extraterrestres (corto en Netflix)

“John quería contactar con extraterrestres” es un corto cinematográfico que se puede ver estos días en Netflix. Durante unos quince minutos se cuenta la vida del estadounidense John Shepherd. Un solitario genio de la electrónica que pasó 30 años tratando de contactar con los extraterrestres.

Para ello construyó, con sus medios y los recursos de sus abuelos, unas instalaciones para transmitir música a millones de kilómetros al espacio. Shepherd pensó que la música, como lenguaje universal, sería el medio idóneo para llamar la atención de los posibles alienígenas que estuvieran un poco más allá de la Luna. Y es que, según se cuenta en el cortometraje, los trasmisores sólo tenían potencia para mandar a esa distancia las señales radioeléctricas. La cuestión es que, a pesar de su interés y confianza en el plan durante tantos años, John no obtuvo ningún resultado.

John Shepherd buscando extraterrestres junto a sus abuelos.
John Shepherd buscando extraterrestres junto a sus abuelos.

Este proyecto vital tan peculiar por los objetivos que se marca John al inicio y tan interesante al conocer cómo iba solucionando los problemas que le iban surgiendo en el camino (tanto materiales como emocionales), justifican la realización del corto. Sin embargo, a John le ocurre algo en su vida, que no vamos a desvelar aquí y ahora, pero si diré que se trata de algo bueno y normal. Algo que les sucede a muchas otras personas y que, por tanto, no es un hecho destacable.

Y es aquí donde el corto chirría porque se pretende buscar una relación entre dos hechos que, desde mi punto de vista, no tienen mucho que ver, aunque se trate de la misma persona.

En cualquier caso, ¿quién no tiene quince minutitos para conocer la atípica historia de John y los extraterrestres?

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No había visto aún esta película australiana del año 2000 y reconozco que conocí de su existencia hace muy poco tiempo.  Para el que no lo sepa, The Dish (o “La Luna en directocomo se tradujo al español) se centra en los acontecimientos que ocurrieron, supuestamente, en el radiotelescopio de Parkes durante los días del Apolo 11 en julio de 1969. De hecho, la película empieza con el típico mensaje de “esta es una historia basada en hechos reales”.

Distintos pósters para promocionar la película "The Dish".
Distintos pósters para promocionar la película "The Dish".

El film se encuadra en el típico formato de comedia ligera con los tópicos habituales del género; los inconfundibles personajes secundarios, la imprescindible historia de amor entre la chica mona y el joven tímido, el dolor del personaje principal por la pérdida de su esposa, el niño repelente sabelotodo, la parte de la historia en lo que todo parece venirse abajo en el peor momento…

LA REALIDAD

Como la mayoría ya sabéis, en Australia estaba la estación de seguimiento de Honeysuckle Creek (conocida también por las siglas HSK). Pertenecía a la Red de vuelos espaciales tripulados (MSFN en sus siglas en inglés) de la NASA, y era una estación homóloga a las que estaban ubicadas en Fresnedillas de la Oliva (Madrid) y Goldstone (California). Honeysuckle, junto con Goldstone, fueron las estaciones encargadas de estar en contacto con Neil Armstrong y Buzz Aldrin durante el momento histórico de su salida a la superficie lunar. Sus antenas de 26 metros recibían y trasmitían, en Banda S Unificada (USB en sus siglas en inglés), toda la información necesaria, incluida la señal de video desde la Luna. Pero la NASA, como es lógico, quería tenerlo todo atado y bien atado. Por esa razón, pidió a los australianos que asignaran la antena de 64 metros del radiotelescopio de Parkes como reserva para recibir esa señal de televisión, en caso de que las señales de Goldstone y, sobre todo, Honeysuckle no tuvieran la suficiente calidad.

Estaciones terrestres durante el paseo espacial del Apolo 11 y su enlace satelital (Fuente: www.honeysucklecreek.net)
Estaciones terrestres durante el paseo espacial del Apolo 11 y su enlace satelital (Fuente: www.honeysucklecreek.net)

Pues bien, uno empieza a ver la película y llega un momento en el que pierde el número de inexactitudes y omisiones que acontecen. Pero antes de enumerarlas (ojo que igual os destripo la peli), quiero decir que soy consciente de que estamos hablando de una ficción, lo cual está muy bien y a todos nos gusta, pero creo que si no adviertes claramente al principio de la película de que la historia está ambientada en un contexto histórico pero el argumento se ha modificado para contar una ficción ajena al hecho histórico, corres el riesgo de que el espectador crea a pies juntillas que lo que va a ver es lo que realmente ocurrió cosa que, en este caso, no es así.

LOS ERRORES Y OLVIDOS

Aunque ya se ha sugerido antes, la principal inexactitud que encontramos en la película es que da la sensación de que Parkes fue la estación principal (y única) que estuvo en contacto con el módulo lunar Águila y sus dos ilustres pasajeros. Pues no. La estación de seguimiento primaria fue la de Honeysuckle Creek. A la que, por cierto, se nombra de pasada en un par de ocasiones nada más.

Si bien la señal de televisión que se recibió en Parkes fue de muy buena calidad, la que llegó a HSK también se pudo utilizar perfectamente. Repito, Parkes era la reserva en caso de problemas en Honeysuckle Creek. La realidad es que no hubo tales problemas.

Radiotelescopio de Parkes (Australia). Fuente: www.csiro.au.
Radiotelescopio de Parkes (Australia). Fuente: www.csiro.au.

Hay que señalar que Parkes es un radiotelescopio, esto implica que solo es capaz de recibir información. Por tanto, al no tener un equipo transmisor, era imposible enviar voz y/o datos a los astronautas, tal y como se ve en el largometraje. Además, la antena tampoco podía rastrear a la nave Apolo cuando estaba en la órbita terrestre.

Otra inexactitud que vemos es cuando desde Parkes hablan directamente con el Centro de control de misión de Houston (Texas). En Australia, solo HSK tenía esa competencia.

En un momento dado del film, se ven unas imágenes del supuesto despegue de la etapa de ascenso del módulo lunar del Apolo 11, lo cual tampoco corresponden con la realidad. Esas imágenes corresponden a alguna misión posterior, probablemente del Apolo 15, 16 o 17.

Finalmente, tengo que decir que me molestó bastante comprobar que no se nombra en absoluto a la estación española de Fresnedillas de la Oliva. Ya hemos dicho aquí que había tres estaciones principales pues, como digo, solo se nombran a las otras dos; Goldstone en Estados Unidos y Honeysuckle Creek en Australia.

¿TENGO QUE VERLA?

Así que, como película para pasar un rato agradable en la hora de la siesta está bien. La pena es que, seguramente, haya muchos espectadores que se crean todo el envoltorio histórico que tiene cuando ya hemos visto que, en realidad, estamos a bastantes años luz de lo que ocurrió realmente bajo esa antena situada en Nueva Gales del Sur.

El radiotelescopio de Parkes (Australia) apuntando a la Luna en julio de 1969.
El radiotelescopio de Parkes (Australia) apuntando a la Luna en julio de 1969. (Fuente: www.csiro.au)

P.D: Salvo de la quema una cita que dice el protagonista en un momento dado:

“El fracaso nunca da tanto miedo como el arrepentimiento”.

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The fallen astronaut (El astronauta caído) es la única obra de arte que se llevó a la Luna durante el Programa Apolo. Pero detrás de esta pequeña figurita de aluminio que reposa desde el uno de agosto de 1971 sobre la superficie lunar, hay una sorprendente historia envuelta de escándalos y conflictos. La aventura de esta escultura y de su autor, el belga Paul Van Hoeydonck, es lo que se cuenta en el documental del mismo título que se puede ver estos días en Prime Video de Amazon.

PAUL VAN HOEYDONCK Y EL ESPACIO

Desde que se lanzó el Sputnik, Van Hoeydonck tuvo el convencimiento de que su obra artística debería reflejar el nuevo comienzo espacial y lo que ello significaba para el ser humano. Por ello, a principios de los años sesenta, se trasladó a los Estados Unidos para continuar allí con su carrera profesional en la galería de Dick Waddell. Pero en 1968, con motivo del estreno de la película “2001: Una odisea en el espacio”, Paul empezó a pensar en la idea de un monolito en la Luna, como se puede ver en el film de Kubrick. Pero no fue hasta el año que siguiente, el año del Apolo 11, cuando la directora de la galería, Louise Tolliver Deutschman, comentó con Waddell la idea de poner una escultura de Van Hoeydonck en la Luna.

Paul Van Hoeydonck y su escultura lunar
Paul Van Hoeydonck y su escultura lunar

Aunque al principio la idea le pareció una locura a Paul, aquello acabó por convertirse en un proyecto real. Hay que recordar que, para el artista belga, en aquellos años, Cabo Kennedy era el sitio más romántico que había en la Tierra. Sin embargo, llegados a ese punto, había que decidir dos cosas. Por un lado, el tipo de obra que tendría que crear Van Hoeydonck y por el otro el cómo se lograría meter esa pieza en el módulo lunar con la ayuda de alguno de los futuros astronautas que pisarían la Luna. Esto último realmente era lo más complicado de conseguir.

Los astronautas del Programa Apolo, en aquellos días, eran personas muy populares y famosas por lo que la NASA los tenía muy protegidos y era realmente complicado el poder acercarse a ellos para plantearles cualquier cosa. De hecho, Van Hoeydonck se trasladó unos días a Cabo Cañaveral para ver si de forma más o menos casual podía coincidir con alguno de ellos en la zona de Cocoa Beach. Aquella estrategia resultó infructuosa así que tenían que pensar en otra cosa.

EL APOLO 15 LLEVARÍA LA ESCULTURA

Un día, Louise Tolliver Deutschman recordó que conocía a un posible intermediario. Se trataba de un golfista profesional, relaciones públicas de la marca francesa de polos Lacoste, llamado Danny Lawler. El mensajero, como también era conocido con el fin de salvaguardar su identidad, hizo su trabajo y consiguió organizar una cena en un restaurante de Cocoa Beach entre Van Hoeydonck y la tripulación del Apolo 15. En aquella velada, ocurrida dos meses antes del lanzamiento de la misión, surgió la chispa y el acuerdo: la tripulación del Apolo 15 llevaría una obra de arte del artista belga.

Tripulación del Apolo 15 (Izq. a dcha: Scott, Worden e Irwin).
Tripulación del Apolo 15 (Izq. a dcha: Scott, Worden e Irwin).

Paul empezó a trabajar rápidamente en un prototipo sencillo pero muy alegórico: una pequeña figura humana de yeso y plexiglass, metida en una cápsula trasparente, que simbolizara el viaje épico del ser humano por el espacio. Sin embargo, la idea que tenían los astronautas del Apolo 15 iba en otro sentido. Ellos querían hacer una especie de memorial en recuerdo a los astronautas y cosmonautas fallecidos en la exploración espacial hasta ese momento. Y aquí surgió el primer problema. Cada parte implicada tenía su propia visión que, parece ser, no compartió con la otra.

Van Hoeydonck siguió trabajando en su prototipo teniendo en cuenta los requisitos que la NASA imponía: debería ser algo pequeño y de poco peso que, además, fuera capaz de resistir la gran variación de temperaturas que existe en la superficie lunar. Por esto, el artista belga usó el aluminio como material para la escultura humana, eliminando la parte de la cápsula porque presentaba un posible riesgo de incendio. Además, como última exigencia, la figurita no tendría género ni raza reconocible. Y todo este proyecto, incluyendo el nombre del artista, no podía ser comunicado al público antes de la misión. Algunos dicen que todos estos requisitos y obligaciones se debieron a que la NASA estaba muy sensibilizada puesto que, en la anterior misión, la del Apolo 14, Alan Shepard, llevó un par de pelotas de golf para jugar en la Luna. Las malas lenguas comentaron que el fabricante de esas pelotas iba después a distribuir el modelo utilizando ese hecho para su campaña publicitaria. Cosa que a la NASA no le gustó porque quería evitar a toda costa la comercialización del espacio.

LO QUE PASÓ EN LA LUNA

Al final todo confluyó y la pequeña figurita de aluminio acabó en un bolsillo del traje espacial que el comandante David Scott se pondría en la Luna. La tripulación del Apolo 15, como tenía la idea del recuerdo a los difuntos, llevó también consigo una placa con los nombres de los ocho astronautas y los seis cosmonautas fallecidos hasta ese momento. Deke Slayton, el jefe de los astronautas, conocía perfectamente lo que iba a hacer Scott. Lo que no sabía era que, a parte de la escultura, también se llevaron a la Luna unos 400 sobres postales y dos relojes Bulova que provocarían después otro escándalo. Al Worden recuerda en el documental que, curiosamente, al único al que no despidieron de la NASA después de toda aquella polémica fue al propio Scott. Y es que, se percibe, que el malo de toda esta historia es precisamente David Scott. Además, el hecho de que no quisiera ser entrevistado en el documental no le ha ayudado a cambiar esa percepción.

Memorial del astronauta caído en la Luna
Memorial del astronauta caído en la Luna

Durante la estancia lunar, ni Scott ni Irwin dijeron nada sobre el astronauta caído. El memorial se colocó muy cerca del lugar donde se dejaría definitivamente el Rover lunar al final de la tercera excursión lunar (EVA en sus siglas en inglés). Scott tomó, eso sí, unas pocas fotografías. Aquello puso muy nervioso a Van Hoeydonck y a los responsables de la galería puesto que no se tenían noticias en directo. El secreto se desveló posteriormente en la rueda de prensa que dieron los tres astronautas al volver de la Luna. Sin embargo, ni Scott ni el resto de los dos astronautas, comentó el nombre del artista belga que había diseñado la escultura. Cosa extraña puesto que, por ejemplo, si se conocía perfectamente que el diseñador italiano Emilio Pucci había colaborado en el diseño de la insignia del Apolo 15. Según Scott, el hecho de mantener en secreto el nombre del artista fue algo consensuado con el propio Van Hoeydonck, sin embargo, el belga no parece que tuviera la misma idea. Tampoco coinciden las posturas con respecto al nombre de la obra de “el astronauta caído”. Para los astronautas, el nombre representaba lo que querían trasmitir con el memorial, pero para el belga era todo lo contrario. Él quería algo que acercara al ser humano con las estrellas.

Situación del memorial cerca del Rover lunar (Foto: AS15-88-11902).
Situación del memorial cerca del Rover lunar (Foto: AS15-88-11902).

A finales del mes de septiembre de 1971, un mes y medio después de la rueda de prensa, la tripulación del Apolo 15 recaló en Bélgica con motivo de la gira mundial que estaban realizando. Allí coincidieron los tres con Van Hoeydonck al que le dijeron que esperase un año más para dar a conocer su nombre. Si las cosas ya estaban un poco tensas, en noviembre el Smithsonian solicitó a la tripulación una copia exacta de la escultura para poder mostrarla en sus centros. En aquellas conversaciones tampoco se enfatizó el nombre del artista lo cual enfureció mucho más al belga. El malentendido seguía creciendo, sobre todo, entre Scott y Van Hoeydonck. De todas formas, Paul realizó dos copias más. Una para el Museo Nacional del Aire y el Espacio de Washington DC (dirigido por Michael Collins) y otra para el Rey de Bélgica.

EL ARTISTA Y LA GALERÍA SE HACEN PÚBLICOS

Van Hoeydonck, Waddell y Louise Deutschman decidieron que ya era el momento de salir del anonimato. Planearon que el periodista de la CBS, el mítico Walter Cronkite, entrevistaría al artista belga con motivo del lanzamiento del Apolo 16 y así dar a conocer a Van Hoeydonck. Paul avisó a Scott de sus intenciones, pero el astronauta seguía con su idea de mantener todo aquello como un homenaje. La contestación del belga fue que solo quería anunciar el nombre del artista y no degradar el monumento, pero Scott seguía con su idea de mantener al autor en el anonimato. Sin embargo, en la entrevista, Van Hoeydonck comentó cuál era su idea original para la obra de arte; que el futuro del hombre estaba ligado con las estrellas.

Anuncio de la galería
Anuncio de la galería

A partir de ese momento, Van Hoeydonck y su obra, fueron criticados por el mundillo del arte neoyorquino. Seguramente la envidia y de que se trataba de un artista extranjero, fue el caldo de cultivo. Aunque el remate llegó cuando la galería y el artista decidieron realizar 950 copias de la escultura para venderlas por 750 $ de 1972. Aunque el belga sabía que a Scott y a la NASA aquello no les gustaría decidió seguir adelante dado que la relación entre las partes estaba totalmente embarrada. Scott se enteró y escribió a Van Hoeydonck para pedirle aclaraciones. El artista le respondió argumentando su decisión en que aquello ayudaría a impulsar el interés por el espacio en el año en el que el Programa Apolo llegaba a su fin. Sin embargo, aquello fue el remate de la relación entre Scott y Van Hoeydonck. Relación que aún hoy en día sigue rota.

La NASA también decidió actuar y empezó a presionar al artista. Envió a un par de inspectores para que hablaran con Van Hoeydonck pero como aquello no surtió efecto, un día el artista recibió una llamada amenazante comunicándole que podrían tener serios problemas con el Gobierno norteamericano y eso si funcionó. Waddell y Van Hoeydonck pararon las máquinas cuando ya se habían fabricado 50 unidades. Después de aquello, el camino no fue nada fácil para ambos, sobre todo para Waddell que murió dos años después arruinado, divorciado y deprimido. En el ambiente se generó una corriente negativa hacia el artista belga y su galería norteamericana. Los tres astronautas dejaron la NASA en los años siguientes y se dedicaron a proyectos personales, pero, cuando todo se calmó un poco, la NASA los exoneró del asunto de los sobres postales.

LOS ÚLTIMOS AÑOS

Cada uno siguió haciendo su vida y el asunto se olvidó, salvo para algún listillo que intentó hacer negocio con falsificaciones de la escultura. A finales de 2013, el Smithsonian invitó a Van Hoeydonck a dar una charla en el Museo del Aire y del Espacio de Washington DC. No está claro si el Smithsonian invitó también a Scott o si, si lo hizo, éste desistió en acudir al evento. Lo que parece evidente es que, después de tantos años, este asunto sigue escociendo un poco, tanto a Van Hoeydonck como al comandante del Apolo 15, y eso que la NASA y el Smithsonian rectificaron y reconocieron públicamente al artista belga como autor de la única obra de arte que está emplazada en la Luna.

Paul Van Hoeydonck con la bandera la NASA (Foto: Donald Woodrow)
Paul Van Hoeydonck con la bandera la NASA (Foto: Donald Woodrow)

Entre 2018 y 2019, Paul Van Hoeydonck y la galería alemana Breckner retomaron la idea crear unas series limitadas de la escultura, tanto la que ideó al principio el artista belga como la que finalmente se llevó a la Luna. Incluso se hicieron 6 copias a tamaño humano (de 1,80 m de altura) de la que se depositó en la Luna. Los precios de salida fueron prohibitivos, de hecho, no se publicó el coste de las 6 réplicas a escala humana. A saber, en qué cifras se moverán hoy en día los precios en una supuesta subasta o cuando fallezca Van Hoeydonck.

Paul Van Hoeydonck, Man in Space, 1971-2018
Paul Van Hoeydonck, Man in Space, 1971-2018

Para aquellos que no podemos optar (de momento) a adquirir una de las obras de Van Hoeydonck pero tenemos la suerte de vivir en España, nos podemos acercar al Parque Juan Carlos I de Madrid, cerca del aeropuerto, para admirar una de las esculturas del artista belga. En concreto, se trata de una familia de robots llamada Eolos que está situada en medio del lago del parque.

Eolos, de Paul Van Hoeydonck. Parque Juan Carlos I de Madrid.
Eolos, de Paul Van Hoeydonck. Parque Juan Carlos I de Madrid.
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El último vuelo del Challenger es una serie documental de 4 episodios que se puede ver actualmente en Netflix.

Para aquel que no lo sepa, el Challenger (STS-51L) era un transbordador espacial norteamericano que se desintegró el 28 de enero de 1986 a los pocos minutos después del lanzamiento desde Cabo Cañaveral. Yo tenía diez años cuando ocurrió aquel triste accidente, pero si recuerdo haber visto el lanzamiento (y la explosión) y que me causó una profunda impresión.

Explosión del Challenger

Como se determinó posteriormente en la comisión que se formó para investigar el accidente (Comisión Rogers), una de las juntas tóricas que sellaban las uniones entre las distintas partes que formaban los dos cohetes laterales blancos de combustible sólido (SRB en sus siglas en inglés), falló porque las bajas temperaturas afectaban a su correcto funcionamiento. Algo que en Florida no era muy habitual que pasara pero que, desgraciadamente, ocurrió durante los días previos al lanzamiento.

En la serie se ven multitud de testimonios de familiares directos de los siete astronautas fallecidos. Por cierto, fue la primera vez, desde que comenzaran los vuelos espaciales tripulados norteamericanos, que se perdió a toda una tripulación durante una misión real en curso. A parte de los familiares, también hay testimonios de personal de la NASA (incluidos algunos astronautas), de periodistas, de miembros de la comisión investigadora y de la empresa contratista de los SRB Morton Thiokol.

Penacho sobre el SRB derecho a los T + 58,778 segundos

Está claro que hubo fallos en el diseño, pero lo más determinante fue el fallo humano en la toma de decisiones. El problema con las juntas tóricas se conocía de antemano, pero la actitud humana hizo que se obviara el riesgo con el fin de no detener el programa espacial tripulado norteamericano.

Aquello costó la vida a siete personas. Una de las cuales, Christa McAuliffe, iba a convertirse en la primera profesora en volar al espacio bajo el programa de la NASA llamado Teacher in Space Project. Este programa se hizo muy popular en Estados Unidos e hizo que multitud de espectadores, una gran mayoría niños y adolescentes, se colocaran delante de sus televisores para presenciar el fatídico lanzamiento.

Tripulación del STS-51-L: (fila delantera) Michael J. Smith, Francis Scobee, Ronald McNair; (fila trasera) Ellison Onizuka, Christa McAuliffe, Gregory Jarvis, Judith Resnik.

Como siempre me gusta comentar referencias al Programa Apolo, he de decir que en la serie hay pocas. Sólo se ven imágenes de John Young (Apolo 10 y 16) cuando voló en el primer vuelo del Columbia (STS-1) y unas brevísimas declaraciones de Deke Slayton (ASTP) sobre las posibles causas del accidente del Challenger.

La serie me ha recordado que hace unos años vi una película sobre la comisión que se formó sobre el accidente en la que se recalcaba el papel fundamental que tuvo el famoso físico Richard Feynman interpretado por William Hurt. El telefilm, de 2013, se titulaba “The Challenger” y realmente no se por qué no escribí una reseña en el blog.

Richard Feynman experimentando con una junta en la comisión Rogers. Foto: www.feynman.com.

Evidentemente todo aquel al que le guste mínimamente la exploración espacial tripulada debería ver esta serie documental. Al que le guste la historia sin más pues también. Personalmente no me ha descubierto gran cosa, salvo los detalles ocurridos en el contratista Morton Thiokol. Y, aunque hay momentos emotivos, tampoco se está con la lagrimita permanente a punto de caer del ojo.

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